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febrero 22, 2012

Y a la mañana siguiente… Por Pablo del Toro.



Decimoséptima corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Monumental Plaza de Toros México. Seis toros de Julián Hamdan para Eulalio López ‘El Zotoluco’, José María Manzanares y Joselito Adame. 19 de febrero de 2012.

Por: Pablo del Toro
Qué difícil se vuelve para el aficionado ver lidiar toros que parece que venían sin una pata.

Qué desesperante debe ser, de igual manera, para un torero ver a su sorteado caerse tras el menor cite. 

Qué desgastante se vuelve, para ser francos, que los toros de regalo sean algo reglamentado en esta plaza. Fueron ocho toros lidiados en total, siete nobles inválidos procedentes de las dehesas de Julián Hamdan y uno más de las de Montecristo, que fue un ejemplo de libro de texto de un toro con raza y que puso de cabeza a su matador y a sus cuadrillas.

Así de desesperante fue ver la primer faena de Eulalio López El Zotoluco, que nunca se cansa de abusar de las ventajas que le brinda el pico de la muleta. El de Azcapozalco, además, recurre al alto amperaje de su técnica, como acostumbra, solo que en esta ocasión encontramos un par de diferencias: que ahora no mata a la primera ni de guasa; y que su primera faena duró una eternidad, con condescendencia del juez de plaza, que por andar pensando en cuántas orejas tiene un toro y como cuántos pañuelos han de estar por sacudirse, se le olvidó que existe un reglamento que señala que a los doce minutos de haber iniciado el tercer tercio de la lidia de un toro, debe enviar un aviso al matador en turno para recordarle que el tiempo se le está terminando. Aviso que, por supuesto, no sonó nunca. Ni con 18 minutos en el cronómetro y la afición pidiéndolo a gritos.

José María Manzanares dejó otra cátedra sobre cómo matar toros. Un estoconazo recibiendo a su primero nos puso a todos a tomar nota de cómo se hace. Como auténtico maestro. Además de presumir la pasmosa técnica, derrocha arte y elegancia. Ninguno de sus tres realmente valía la pena, y a pesar de ello al de regalo le hizo más de lo que se podía y le cortó una oreja sumamente valiosa por el trabajo que le costó. Nos quedamos con las ganas de ver más de Manzanares, pero dejó claro que en él no quedó. 

Joselito Adame jugó muy bien sus cartas. La gente estaba con ganas de aplaudir algo y él supo canalizarlo inteligentemente para su beneficio. Ha sido, además, de los únicos toreros que no se avientan a la arena al recibir el toro de rodillas. Puso excelentes pares de banderillas y con su estilo poco elegante pero igualmente efectivo aprovechó a cabalidad al único toro valioso del pelotón de Hamdan. Joselito tiene carácter, corazón y sabe torear. Ojalá que para su siguiente presentación en esta plaza alguien le recuerde que viene a una Monumental, y se acuerde de ponerse la elegancia que últimamente la viene dejando seguido en el otro pantalón. Los argumentos, nos queda claro, los tiene. 

Habrá que hacer una reflexión pues al parecer, se tiene malentendido el uso de los avisos. El aviso es, como su nombre claramente lo indica, solo eso, un aviso. Un recordatorio. No es malo, ni bueno. Es, aunque algunos jueces y aficionados les cueste entender, un simple trompetazo de control. Y nada más. Lo grave viene cuando suena tres veces, pero entre el primero y el tercero hay un mundo de tiempo.

febrero 07, 2012

La clave está en nunca dejar de aprender. Por Pablo del Toro.

Decimocuarta y decimoquinta corridas de la Temporada 2011-2012 de la Plaza de Toros México. Serial de dos corridas por el aniversario LXVI de la Plaza de Toros México. La rejoneadora Ana Batista, Alejandro Talavante, Joselito Adame y Octavio García ‘El Payo’ con seis toros de Barralva y uno de La Punta. Julián López ‘El Juli’, José María Manzanares, José Mauricio y Diego Silveti con ocho toros de Xajay. 4 y 5 de febrero de 2012, respectivamente. 

Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)

Sesenta y seis años han pasado desde que nuestra consentida mole de concreto fue inaugurada, en aquel lejano 1946. Pasan los años y cada vez queda menos gente que hoy nos puede platicar que vivió en carne propia lo que sucedió aquel día, cuando Jardinero, número 33 de las dehesas de San Mateo recibió los honores de ser el primer toro lidiado en este recinto. 

Hoy, sesenta y seis años después, a pesar de tanta evolución, crecimiento, desarrollo e historia de la tauromaquia; los aficionados seguimos queriendo ver lo mismo: destreza, emoción, habilidad y arte en los toreros; y trapío, casta, nobleza y sobretodo bravura en los toros. La bravura es la que es más difícil de encontrar hoy en día, y la muestra es que tras una suculenta ensalada de 8 toreros y 3 ganaderías divididas en dos interminables tardes, el balance fue de dos toros de arrastre lento de un total de 18 lidiados. A los de Barralva no cualquiera les podía, y a los de Xajay les faltó bravura. El de La Punta cumplió apenitas.

El que está hecho un monumento a la figura del toreo es Julián López ‘El Juli’ que no se cansa de demandar un trono en esta plaza. Lleva tres tardes consecutivas (si contamos la del año pasado) en las que no se ha dejado nada adentro, pues se entrega en corazón a la afición de esta plaza. No corrió con la misma suerte en los sorteos como el año pasado, por lo que se pegó un par de arrimones de alarido para justificar con creces su título de figura. Un maestro: no por nada cortó cuatro de las cuatro orejas posibles.

A José María Manzanares le faltó un toro con más casta, pues al que le hacía medias embestidas lo templó, lo dominó y lo mató como los grandes, pero poco transmitió. A lo mejor le hubiéramos perdonado un regalo, aunque este sí, por mero favoritismo.

Alejandro Talavante demuestra tarde con tarde que el toro mexicano es su media naranja, pues le permite divertirse cuando torea. Se recrea, se disfruta, vamos, se divierte. Porque no solamente se queda quieto, le pone gitanería y un sello que dice “Hecho por Talavante” a cada uno de sus pases.

Diego Silveti sorteó con un manso de libro y lo lidió con conocimiento, habilidad y arte. Se ajustó como debía, arriesgó y se entregó. Desgraciadamente, a veces cae en las garras del tremendismo y se eternizó a la hora de matar, pero no deja de dar pasos hacia adelante en el camino a convertirse la figura que nuestro país necesita.

José Mauricio sigue mostrando avances en su técnica, aunque también en las mañas. Sorteó con el mejor Xajay, y a pesar de estar por demás aseado en su trasteo, por momentos se vio desorganizado y desajustado. No le terminó por encontrar la distancia a un toro que traía las orejas ya desprendidas.

Joselito Adame toreó bien, pero de rodillas. Tiene cualidades de torero, pero derrepente se le olvida que no está toreando en un pueblo. Y es que aunque entretiene a la galería, los gestos festivaleros no son tan agradecidos en las plazas de primera. Al menos no deberían. 

De Octavio García 'El Payo' y la rejoneadora que nadie conoce (dicen que se llama Ana Batista) no hay mucho qué decir, pues se fueron tan inéditos como llegaron. Haría bien el Payo en administrar mejor su número de apariciones por termporada en esta plaza, o lo único que logrará será llenar los tendidos de reventadores.

Si algo nos ha quedado claro después de las dos maratónicas corridas de aniversario es que nunca hay que dejar de aprender. La prueba de ello la tiene Don Julián López, pues ese lugar que tiene no se lo quita ni Dios.
Feliz Cumpleaños, Monumental. Qué guapa te ves de manteles largos y con tus tendidos llenos. Aunque siendo francos, buena falta te hace una manita de gato, pues ya se te empiezan a notar esos nunca mejor vividos 66 años.

enero 31, 2012

De Encaste torero. Por Pablo del Toro.

Decimotercera corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. Seis toros de Fernando de la Mora para Eulalio López ‘El Zotoluco’, Julián López ‘El Juli’ y Juan Pablo Sánchez. 29 de enero de 2012.

Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes.)

Otro petardo ganadero descompuso lo que sobre el papel prometía ser una corrida de antología. No pudo ser, no por otra cosa que no fueran los animales que por más que se les rogó no quisieron poner de su parte. Fueron seis pequeños ‘nanditos’ los que  tomaron turno para saltar uno a uno a la arena de La México a no embestir; y el único que más o menos tenía algo para ofrecer se fue al destazadero mal aprovechado.

Sin novedad en el frente para Eulalio López ‘El Zotoluco’, que sorteó con el mejor burel, pero sigue con su toreo de alto amperaje y poquito ‘punch’, con el pico y echando al toro afuera y lejos; aunque con el suficiente temple como para transmitir a los tendidos de la México. Insufrible con los aceros y no pasó nada más.

Julián López ‘El Juli’, a pesar de que todavía nos queda en la retina el par de faenas que nos regaló hace un año, tuvo todo en contra: viento, frío, lluvia, toros, villamelones y muchos reventadores. A pesar de esto, Julián se pegó un arrimón y sacó la poquita agua que tenían las piedras a base de riñones, conocimiento y mucho valor. Tampoco afiló sus estoques ni afinó su puntería a la hora de matar, dándole tela de dónde cortar a los reventadores, que minoritariamente le pitaron una más que decorosa actuación.

El que sí afiló sus armas fue “Barranqueño”, corrido en tercer lugar y que hirió Juan Pablo Sánchez, quien además de presumir pasmosa técnica, le puso gallardía y mucho corazón, sin confundirlo con tremendismo. Y es que después de haber recibido una cornada y sentirse inmediatamente tocado, en lugar de tirarse al suelo y jugarle al drama, pidió un torniquete, regresó a la cara del toro y le sacó dos tandas valiosísimas hasta que ya no pudo más. Eso es jugársela. No hizo aspavientos ni pegó de gritos. Pues es que en esto del toro, hasta para ser herido hay que tener algo de clase.
Basta de excusas, señores. La fiesta de toros requiere de casta, y si no la ponen los toros, son los toreros quienes tienen que salir al quite.

enero 23, 2012

De exquisito bouquet y buena crianza Por: Pablo del Toro.

Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)
Decimosegunda corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. Seis toros de San Isidro para Uriel Moreno ‘El Zapata’,  el francés Sebastián Castellâ y Octavio García ‘El Payo’. 22 de enero de 2012.
 
En los carteles como el del domingo pasado, en los que la plaza se llena más de ‘fans’ que de aficionados, es normal que los tendidos se polaricen y exijan de más a unos y de menos a otros. Y así sucedió toda la tarde, con cada torero y sus claros ejemplos y sobretodo con los bureles. Y es que últimamente hemos sido más dados a premiar, en lo que a los animales respecta, la nobleza sobre la bravura. De esta forma, desfilaron un total de siete moritos sanisidreños, que fueron  sosos manejables y aplaudidos casi todos; sobresaliendo el pequeñito segundo, acreedor al arrastre lento.

Ya con un grupo bien definido de seguidores, Uriel Moreno ‘El Zapata’ se presentó con un espantoso vestido y su numerito en banderillas bien estudiado, aunque no precisamente bien ejecutado. Se le da eso de los malabares con los palitroques, más por espectacular y correlón que por técnico. Al final, todo el show termina con un toro con banderillas por todos lados menos en su sitio. Y con la muleta, como hizo él, mejor abreviamos.

Sebastián Castella apenas nos empieza a torear en francés y nos enamora. Atesora en sus trastos un toreo sumamente profundo y romántico; dominador, artista y llegador. Esta vez, además, se aventuró a ejecutar una extraña tanda de pases nunca antes vista en esta plaza. Cada vez tiene menos cosas para criticarle, pues unifica gustos, piensa, resuelve en la cara del toro y, lo ya dicho, enamora.
Si algo ha caracterizado a Octavio García ‘El Payo’ en sus últimas comparecencias en esta plaza es que sale a morirse en la raya, con personalidad y entregándose al cien. Desgraciadamente ha sido poco constante en cuanto a su estilo se refiere, pues así como sale una tarde artista, elegante y garboso en otra empieza con disparates como lo que vimos el domingo, que le dio por tener detalles de tremendismo poco propios de una plaza de primera categoría. Y sobretodo, poco propios en él, que es un torero de buena escuela y de mucha técnica, que no necesita del uso de recursos como torear de rodillas o buscar descabelladamente los pitones del toro. Cortó una oreja que fue el dividendo más del arrojo, la voltereta y la emoción que de su faena, pues ésta fue repetitiva y poco profunda. Está cayendo en el abuso de la fórmula del molinete, derechazo, derechazo, martinete y pase de pecho; y quienes hemos seguido su carrera desde sus inicios, sabemos que tiene para mucho, mucho más.

enero 11, 2012

Oro, incienso y mirra. Por Pablo del Toro.


Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes.)

Décima corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. Toros de La Estancia para Pedro Gutiérrez Lorenzo “El Capea”, Fermín Rivera y José Mauricio. 8 de enero de 2012.

Nuestra querida plazota nos tenía preparado un agradable regalo de reyes, para los aficionados de verdad. Un encierro de La Estancia que fue por demás incierto y difícil (salvo sexto y séptimo, que eran de dulce), y que en condiciones normales hubiera arrojado un resultado negativo, fue dominado por tres toreros que parece que saben lo que hacen. Fue una de esas tardes en las que, todos y cada uno de los asistentes, desde los mismos coletas hasta la afición de los tendidos generales, salimos con alguna lección. Una tarde, pues, para aprender de toros.

Pedro Gutiérrez Lorenzo, siempre observado por su legendario padre desde algún punto de la plaza, tuvo grandes detalles de arte bajo una premisa de organización en su lidia, siempre tratando de hacer las cosas en orden, con sobriedad y sin prisas. Tal vez con un poco más de destreza con la espada el resultado hubiera mejorado.

Fermín Rivera sigue demostrando que es un torero que desborda arte, pero desgraciadamente no se puede ser más intermitente. Hubieron un par de tandas de buenísimos derechazos, pero a veces da la sensación de que él mismo pone el freno de mano cuando sus faenas empiezan a tomar vuelo. Debe trabajar en ese aspecto, porque el arte le corre por las venas y eso hay que aprovecharlo.

Lo mejor de la tarde lo trajo José Mauricio, que vio ambas caras de la moneda en sus dos toros sorteados. Su primero, que era un manojo de dificultades, le pudo sacar una faena por demás meritoria a base de valor y buen trato. Su segundo, un toro de bandera, le hizo tandas de buena factura y de calado en los tendidos. Lo templó, y se la creyó tanto que se tiró a matar recibiendo sin saber hacerlo (aparentemente), y  todo quedó en un desagradable regateo de una vuelta al ruedo que José Mauricio tenía más que merecida. Hizo bien, además, en ignorar automáticamente la petición de indulto de los despistados.

Cómo estarán las cosas en nuestra plaza que apenas sale un toro con calidad y el público no pierde el tiempo en disfrutarlo, pues se abalanzan a pedir el indulto. Y si combinamos eso, con el cuentapañuelos que ocupa el lugar de juez en el palco de autoridad, se presagian petardos para dar y regalar. Como sucedía, sucede y al parecer, seguirá sucediendo mientras no haya en el ruedo un torero con carácter o nosotros como afición no hagamos nada para mejorarlo.

diciembre 20, 2011

"De la moda, los que se acomodan" Por Pablo del Toro

De la moda, los que se acomodan.
Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes.)

Sexta corrida de la Temporada Grande 2011-2012 en la Plaza de Toros México. 18 de diciembre de 2011. Toros de Villa Carmela para Fermín Rivera, Daniel Luque y Mario Aguilar.

Se está poniendo de moda que los toreros mexicanos estén tratando de salir del hundimiento letárgico en el que se encontraban. A la par, se lidió un encierro guapo e interesante, con nobleza y en general y por sorpresa, con bravura. Espíritu festivo en los aficionados por las celebraciones que se acercan, convirtiendo la plaza en una pachanga poco seria. Y es que es muy bello dar y recibir buenos deseos en Navidad, pero gritado en una plaza de toros no es precisamente el lugar indicado para hacerlo. Mucho menos, con alguien jugándose la vida en el ruedo. En fin, a lo nuestro.

Fermín Rivera sorprendió con esa elegancia y ese temple que seguramente viene de familia. Debido a su poco rodaje, no entendió por completo a su segundo, pero a pesar de ello le sacó muletazos de alta factura y con el sello de la casa. Poca -o nula- ligazón, pero desbordando temple. Sorteó con lo mejor del encierro y hay aspectos por trabajar. Que no se aleje del buen camino.

Daniel Luque, en contraparte, no vio la linda cara de la suerte, pues en ambos turnos sorteó con toros poco propicios para el lucimiento. Por esa razón, su labor fue poco valorada, pues estuvo ocupado lidiando y no luciendo. Sigue esperando ese burel que le ayude a enseñar eso que trae guardado y que allende los mares le ayuda a torear en las ferias importantes de verano.

Como buen sujeto de crédito, Mario Aguilar sigue pagando los intereses que dejó pendientes en temporadas anteriores. A pesar de que su segundo era un toro que prometía, el animal se le vino abajo pero Mario fue capaz de mantener la faena a flote en base a buenas maneras, calidad y conocimiento.

Sin duda, los tres toreros merecen repetir. Lo que queda, ahora, es ver si habrá espacio. Con la nueva moda y una administración correcta, las vacantes en los carteles del 2012 se llenarán rápido.

diciembre 13, 2011

"¿Y por qué no 10?" Por Pablo del Toro

Por: Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes P.)
Sexta corrida de la Temporada Grande 2001-2012 en la Plaza de Toros México. 11 de diciembre de 2011. Toros de Los Encinos para Guillermo Capetillo, Alejandro Talavante y Diego Silveti. 
Seguramente todos recordaremos aquellos días en los que uno llegaba a casa regodéandose de alegría por haber obtenido el único nueve de todo el salón en el examen de matemáticas, para ser recibido con la siempre destructora pregunta parental: “¿Sacaste 9? ¿Y por qué no 10?” Momento exacto en el cual nuestras ilusiones iban directo al suelo. Una vez recordado esto, me inclino por ser el aguafiestas y preguntar:
“¿Y por qué no 10, Diego?”
Repasando las bases del reglamento taurino, se entiende que el corte de rabo es el máximo trofeo. Es decir, no hay nada más allá. Es el tope, el techo de la calificación taurina. Por lo mismo, se entiende que una faena de rabo implica la perfección. Porque cortar un rabo equivale a sacar 10 en un examen; y no se puede sacar 10 si no tienes todas las respuestas correctas. Cierto es que la apreciación es un factor importantísimo; que merecía más de dos orejas, pero no el rabo. Que protestar el rabo sería injusto, pero negarlo también. Que la estocada fue defectuosa, pero mató a la primera. Que el toro era extraordinario, posiblemente uno de los mejores tres que han pisado la arena de La México en muchos años. Y por eso, potencialmente, la faena tenía para muchísimo más. Porque “Charro Cantor” de Los Encinos murió con un pitón izquierdo dolorosamente desaprovechado; que de haberse explotado, habría sido un ejemplo de libro de texto para un indulto; o en su defecto, un ejemplo de libro de texto de una faena indiscutiblemente de rabo. Diego Silveti, a pesar de haber estado inmenso, me dejó una sensación de vacío por no haber explorado más ese pitón izquierdo, que era una mina de diamantes.
Increíblemente, siendo el más joven de los tres alternantes, Diego Silveti fue el que más reposo e inteligencia tuvo, a final de cuentas. Alejandro Talavante traía las revoluciones a tope, y por más que se esforzó en crear un catálogo de adornos toreros, no terminó por convencer. No fue hasta que decidió estarse quieto que le arrancó una tanda de valiosísimos naturales a su primero. No deja de ser un torero de sello propio, cosa que se le agradece.
 
Guillermo Capetillo, por su parte, olvidó aceitarse las articulaciones y toreó tieso y con poca transmisión. Lo único que hizo fueron como dos muletazos a su primero y en su segundo no quiso ni arrancar. Desmotivado, desangelado, sin chiste y sin carisma. No se ve como en la tele.
Por cierto, ya nadie se acuerda, pero el subalterno Javier Escalante le quitó una cornada de encima a su compañero Cristian Sánchez que banderilleaba, y pienso que merece una mención especial por ello. 
Cuán orgulloso debe estar de ti tu padre, Príncipe Diego. Donde quiera que esté, seguro que gritó: “Ése es m'hijo” y aventó un sombrero a la arena con el rostro lleno de lágrimas. No era para menos.

noviembre 29, 2011

"Caballos Polares" por Pablo del Toro.

Cuarta corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. 27 de noviembre de 2011. Dos toros de Rancho Seco y cuatro de La Punta para Diego Ventura, José Luis Angelino y Joselito Adame.

Esta vez, ni Ventura y su magnífica cuadra de caballos pudieron calentar un gélido tendido, a razón del clima casi polar y de la manada de toros complicados que se lidiaron. Los de La Punta tenían su lidia y los de Rancho Seco fueron una mansada, sobre todo aquel cuarto, que bien pudo haberse sentado a llorar en lugar de pasarse la tarde saltando las tablas. De los demás, definitivamente el sexto merecía mucho más, y el segundo tenía dejos de bravura pero embestidas descompuestas.

Diego Ventura estuvo lidiador y lleno de compromiso, pero inoperante a falta de animales. En su primero algo tuvo, pero de nuevo, el regalo fue excesivo; y además, de nada sirve regalar 'toros' con semejante falta de presencia, como aquel Julio Delgado. Debe estar agradecido con la afición que se quedó en la plaza a verlo a pesar de la lluvia, el frío y el impresentable bicho que lidió.

Supongo que José Luis Angelino debe estar harto de escuchar hasta de sus pericos que desperdició una oportunidad de oro el domingo pasado. No podía ser mejor: cartel con tirón de taquilla, con alternante banderillero, toros bien presentados, un alternante herido dándole a él la oportunidad de lidiar uno más (tal vez el mejor del encierro) y etcétera. Pero, desgraciadamente, decidió no sacar el carácter nunca y hacerse cada vez más chiquito, hasta que la situación terminó por arrollarlo. Nada le salió, ni siquiera esos quién sabe cuántos minutos invertidos en el segundo tercio de sus tres turnos para poner los pares a cabeza pasada. Ya mejor ahí le paramos.

Literalmente, Joselito Adame tuvo el viento en contra, culpable de la cornada que hoy lleva en el pecho. La lidia de uno bastó para demostrar su carácter, aunque no para estudiar el desarrollo de su técnica. Le pudo al que lidió con todo y cornada, de la que no nos enteramos hasta después de que el toro doblara. Un toro, una cornada, una oreja que debió haber quedado en ovación y tal vez una segunda oportunidad esta temporada fueron el balance final de su presentación. Más que redituable, después de haber matado solamente a uno.

Actualizando el conteo: 31 toros (y contando), apenas dos, cuando mucho tres bravos. ¿Qué estamos haciendo mal?

noviembre 22, 2011

A palabras necias, oídos sordos.


Por: Pablo del Toro (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)

Tercera corrida de la Temporada Grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. 20 de Noviembre de 2011. Toros de Bernaldo de Quirós para Sebastián Castella, Octavio García ‘El Payo’ y Juan Pablo Sánchez, que confirmaba alternativa.
 
Una necedad, no importa cuántos toreros la repitan, seguirá siendo una necedad. Las corridas en La México se han convertido en un catálogo de terquedades (por definición, inexplicables) que no convencen a nadie. Y es que la imposición de toros que por adelantado sabemos que tienen como característica anunciada la falta de casta y bravura no puede definirse de otra forma más que de necedad. Esa, y otras tantas obstinaciones que pocos o nadie se atreve a explicar sin caer en la irreverencia. La correcta presentación de los toros no es suficiente.

A pesar de ello y a sabiendas de que no quedaba otra salida, Sebastián Castella estuvo esforzado ante sus tres muebles en turno, con los que lució sus grandes dotes de lidiador llevándolos del brazo para evitar que rodaran por la arena. Hubieron algunos pasajes interesantes, pero la carencia de casta, la falta de transmisión de los animales y la misma necedad hicieron de las suyas; pues regalar un toro no fue un exceso, fue rayar en lo irracional.

Un ‘Payo’ entregado pero un tanto desorientado fue que el hizo segundo espada. Puso muchísima voluntad, pero los animales no respondieron. A pesar de estar aseado en su trasteo, de repente pierde los estribos y le da por abrazar del costillar a los toros y zapatear olvidándose de cualquier sentido estético en aras de convencer al público. Aún así, hace gala de técnica, mucho valor y e inclusive de sobriedad. El respetable, por su lado, pone también su dosis de terquedad al pedir una oreja (que el juez debió haber negado) que resultó mas perjudicial que beneficiosa. Seguramente le valdrá para repetir en la temporada; esperemos que con animales más a modo para poder entregar mejores cuentas.

Pero las incoherencias no pararon ahí. Después de hacerle una magnífica faena al sexto desbordada de poderío, arte y sobretodo de técnica, Juan Pablo Sánchez decidió mejor descartarla y regalar un toro. También de la misma ganadería. Enorme error, pues solamente prolongó tediosamente el trámite del fracaso ganadero y manchó lo que habría sido una más que decorosa confirmación de alternativa.

Habrá que hacer una reflexión sobre la intención y efectividad del recurso del toro de regalo. Para nadie fue una sorpresa que ninguno de los dos sobreros no funcionara, después de ver a los seis inútiles hermanos que deambularon antes sobre la arena. Ver la misma aburrida película dos veces, la hace doblemente aburrida. Llevamos tres corridas, seis toros regalados y solamente el de Arturo Saldívar ha sido agradecido. Yo insisnto, ¿para qué?
Lo dicho: A palabras necias, oídos sordos.

noviembre 15, 2011

¡Extra, extra! Por: Pablo del Toro

(Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)


Segunda corrida de la temporada grande 2011-2012 de la Plaza de Toros México. 13 de noviembre del 2011.Toros de Marrón para Eulalio López 'El Zotoluco', Alejandro Talavante y Mario Aguilar.

Con la novedad de que por fin se están negando orejas que antes se regalaban. Lo que el año pasado hubiera sido una tarde triunfal de puerta grande para al menos dos toreros, se mesuró, sorpresivamente, en su justa medida; siendo el resultado de una oreja por coleta. Más que justo.

La decepción más grande fueron los toros (si es que así se les puede llamar), que de haber sido lidiados por toreros más exigidos por la afición capitalina, habrían sido devueltos por donde vinieron. Saltaron a la arena en total ocho bureles de Marrón; débiles, mansos, descastados y con casi todos los defectos que un toro de lidia puede tener. Esa búsqueda incansable del 'toro carretilla' tiene efectos secundarios, pues lo que vimos en la arena eran toritos desalmados y sin transmisión, aunque medio funcionaron el segundo y el séptimo.

Otra de las de ocho columnas que tuvimos el pasado domingo en La México fue, aunque usted no lo crea, que el entrecano Zotoluco toreó no una ni dos, sino ¡tres tandas erguido! Y hasta ahí, porque después se le olvidó que también puede verse elegante y regresó a lo suyo: el toreo en escuadra, retorcido, de pierna retrasada y con el pico. Estaba siendo demasiado bueno para ser cierto.

Alejandro Talavante se sobrepuso a la mala tarde que tuvo su cuadrilla. Mal su picador, mal sus banderilleros y él con calificación de sobresaliente. Ha desarrollado un estilo propio de toreo que emana de una mescolanza entre el toreo de gitanería y temerario valor parándose siempre entre los pitones, poniendo los muslos de carnada. Es cierto también que ninguno de sus tres ejemplares eran para asustarse, poque los de lidia ordinaria eran cornicortísimos y el sobrero era diminuto. Pero cautivó, otra vez, con esos redondos interminables que tanto emocionan a esta plaza. Empieza a tener tirón de taquilla y a identificarse con esta arena, ojalá que no desperdicie el esfuerzo empeñándose en torear pequeñines. 

La tercera de las exclusivas vino de la mano de Mario Aguilar, que empezó a saldar su deuda con la afición capitalina. Tras dos años de alternativa, por fin le pudimos ver ese toreo acompasado y rítmico que prometía y que le vimos aquí cuando era novillero. Aunque abusó un poquito en sus distancias, se le nota clase, inteligencia y escuela. Por cierto, fue el único que no necesitó del engañoso regalo para salir avante. Hizo que valiera pena la espera. Bien ahí, Mario.

Finalmente, los premios se están revalorando en nuestra plaza. Buen augurio, definitivamente.

noviembre 07, 2011

Bienvenido a la selecta lista, Arturo.


Por Pablo del Toro. (Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)

Corrida inaugural de la Temporada Grande 2011-2012 en la Plaza de Toros México. 6 de noviembre de 2011. Toros de San Isidro para Enrique Ponce, Arturo Saldívar y Diego Silveti, que confirmaba alternativa.

Una temporada más en nuestra querida y nunca bien ponderada Plaza México, que, como siempre, viste su ruedo de gala con este tipo de carteles. Un cartel que lucía interesantísimo y que no decepcionó a nadie, pues los que asistimos a la plaza salimos afónicos y con la piel de gallina gracias a un intratable Arturo Saldívar que por nada del mundo se quiere dejar ganar la carrera por ser el mejor torero mexicano de los últimos años. También pasó lo mismo que siempre pasa con Enrique Ponce, al que le devolvieron un toro por chico y le pitaron el sustituto por lo mismo. Por su lado, Diego Silveti demostró calidad y mucho carácter, pero sin bureles a modo. Fueron un total de nueve (uno devuelto a los corrales) 'Sanisidros' los que pisaron el ruedo de La México; muy disparejos en todos sentidos, sobresaliendo el quinto y octavo de lidia ordinaria.

Vaya necedad la tuya, Enrique.

Enrique Ponce terminó por corregir el camino de una tarde que él solito se ponía cuesta arriba, una vez más, utilizando el viejo truco de regalar un toro para calmar los ánimos multitudinarios y convencerlos apoyado en su toreo exquisito, artista y de muchísima clase. Pero al parecer, Ponce está empeñado y esforzado en que el respetable no lo deje trabajar. No es la primera vez que viene a la capital y tiene argumentos para seguir siendo el titular del toreo mundial; lo que no entiendo es por qué el mismo Ponce y su administración están obligandose a pasar los tragos amargos que pasa cada que se presenta en esta plaza. Sabe que a él la afición le exige, lo sabemos todos. Y terminará convenciendo hablando en el ruedo, entonces, ¿cuál es la necesidad de ponerse a la afición en contra? Una figura del toreo no se debería permitir pasar este tipo de vergüenzas.

Intratable Saldívar.

Arturo está que no cree en nadie. Puede con todo, contra todo y a pesar de todo. No importa si sale un manso como su primero; él puede. No importa si la gente se distrae con la lluvia, como en su segundo; él también puede. Tampoco importa si le cortó las orejas a uno; si Ponce regala un toro, él tambien. Porque puede. No importaría si en lugar de un toro sale un león por la puerta de chiqueros. Arturo Saldívar puede con todo y no solo se escuda en el carácter, también se defiende con buenas maneras, mucha técnica, conocimiento de los terrenos que pisa y un corazón caliente que no le cabe en el pecho.

No se intimida con nada, no se achica en los momentos importantes -importantísimos-, hoy está consagrado con la afición capitalina y se identifica con ella. Es la viva demostración de que un proceso bien llevado, con tiempos correctos, sin precipitaciones, desde que era un niño hasta hoy; rinde los frutos esperados. Tomémoslo como ejemplo.

¡Enhorabuena, Arturo!

El gusto es todo mío, Diego.

Un bien administrado Diego Silveti por fin se dejó ver en tierras americanas. Su administración hizo bien en dosificar sus presentaciones en ruedos aztecas, dándole además publicidad y un poco de mística, apoyado en la leyenda de su apellido. A Diego no le pesa el apellido, le imprime personalidad a sus labores y se queda tan quieto como lo hacía su padre. Al de su confirmación, que estaba desbordado en kilos, le sacó muletazos de muy alta factura, se arrimó y hasta lo ahogó con presencia entre los pitones. Su segundo fue un toro muy difícil, muy violento y crudo en varas. Aún así, dejó demostrado que tiene con qué, está lleno de carácter y buenas maneras. Es cuestión de tiempo.

Encantado de conocerte, Diego.

Twitter: @Pablo_DelToro.

abril 15, 2011

El toro pone a cada quien en su lugar. Por Pablo del Toro.

(Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes. Escribí este cuento con el corazón roto para una ex-novia hace unos seis o siete años. Lo comparto, ojalá les guste.)

El Toro Pone a Cada Quien en su Lugar

Hermoso era aquel morito que por poco me quita la vida en la tarde de mi bautizo de sangre. Un castañito guapo de hechuras, excelentemente bien criado, con sus cinco años cumplidos y una cornamenta que pareciera inofensiva cuando uno no se arrima. Cuando lo conocí era un becerrito de pintura. Era una tarde soleada de abril de hace unos tres años. Estaba en un corral especial, separado de los demás bureles. Los ganaderos habían puesto especial cuidado en él, no permitían que mucha gente lo viera, pues querían que fuera lidiado por alguna figura del toreo. Increíblemente, y sin ser la figura que ellos esperaban, lo criaron, alimentaron y cuidaron para que yo lo lidiara como mandan los cánones del toreo en el mundo. Yo iba a la finca ganadera a verlo de vez en vez, pues ése castañito, aquel tierno becerrito que corría en su corral especial para él había cautivado mis instintos toreros desde el primer momento en que lo vi. Parecía un perrito café visto desde afuera del corral. Recuerdo que en innumerables ocasiones me acercaba a las rejas del corral con un poco de paja en la mano diestra, y el bonachón pequeñín se acercaba a comer de mi mano. Y bonachón y todo, pocos eran los que soportaban ver continuamente sus ojos. Unos ojos profundos y parlanchines que denotaban la fiereza del animal, la tenacidad del encaste, la raza del torito y la bravura de la especie.

Y yo lo esperaba, con capote y corazón en mano, la montera en la cabeza y los machos bien apretados, detrás del burladero de matadores. Con coleta natural y la barbilla sobre las tablas veía a los monosabios aplanar la arena mientras otro más panzón cargaba el letrero que anunciaba los datos del toro que iba a ser lidiado. “Pelafustán” era su nombre, con el número 1 marcado a fuego en el costillar, nacido en abril del 88 y me reservo el peso para evitar represalias.

Recuerdo aún la sombra del patio de cuadrillas. Un escalofrío constante recorría mi cuerpo desde la punta de los dedos hasta la nuca, una y otra vez. Y silencio, mucho silencio. Apenas escuchaba a lo lejos los murmullos de los aficionados buscando sus asientos, pidiendo las cervezas y los pregones vendedores de chatarra que merodean las inmediaciones del patio. Pensaba en lo grande que podía llegar a ser ésa tarde. Siempre pensamientos positivos, y recordando los momentos que había vivido con “Pelafustán” en el campo, en lo que era su casa. Tenía mi capote de paseo recostado en mis antebrazos entrecruzados entre sí, y en mi mano derecha mi montera.

- Es hora, Matador – Era mi mozo de espadas, regresándome a jalones de mis pensamientos y ayudándome a liarme con el capote de paseo.

Y sonaron las primeras notas de la banda. Fui el primer hombre en pisar la arena. Levanté la mirada y agradecí la ovación, luego dibujé con la zapatilla una cruz en la arena.

- ¡Que Dios reparta suerte! – Grité a mis alternantes y subalternos. Y así fue. La suerte estaba echada.
Caminé a través del ruedo, desmonterado y mirando al piso siempre, escuchando el retumbar de los pasos en la arena y las palmas del público. Sin darme cuenta llegué al final del recorrido y saludé al presidente, con la cara seria como un yeso.

La plaza estaba llena. En los carteles de los alrededores del embudo se leía la soñada pegatina de “No hay billetes”. En las barreras de primera fila de sombra, mi familia. Junto, la familia ganadera. Atrás, familiares de mis alternantes. El aroma del puro de la boca de mi padre causaba estragos en sus vecinos que molestos sacudían las manos intentando inútilmente alejar el humo del tabaco. Junto a él, mi madre, con la fuerza típica de su gesto. Y del otro lado, mi hermano, nervioso a distancia.

Era mi tarde de presentación en plazas de primera y había escogido un elegante terno blanco con bordados en oro, y faja y corbatín en negro. Esa tarde tomaba mi alternativa. Y “Pelafustán” sería el toro de la ceremonia.

Recargué la frente en la barrera esperando con más nervios que miedo a que sonara el clarín desde el palco de autoridad, avalando la salida del toro.
- ¡Puerta! – Escuché a lo lejos. “Pelafustán” estaba en la arena. Yo, por cábala, no quise ver su salida de la puerta de los sustos.

El morito atravesó el ruedo con alegría. Levanté la mirada, y ahí estaba “Pelafustán”, con casta de princesa y bravura de guerrillero. Remató un par de veces en el burladero y atravesó de nuevo el ruedo, corriendo a toda velocidad y rematando por abajo mientras torcía el rabo.

Lanceando acá y allá, soltando los nervios le planté media docena de verónicas por ambos lados, fuertemente coreadas por los asistentes. Autoricé la entrada de los piqueros al ruedo y yo mismo llevé a “Pelafustán” a los caballos por chicuelinas andando y un remate por abajo, dejando al burel a pocos metros del jamelgo. “Pelafustán” peleó con codicia al caballo y se creció con fuerza al castigo provocando un tumbo. Era un bravo auténtico.

Hice un quite por gaoneras bien ajustadas, que me hicieron sudar tinta. “Primero sudas sangre y luego mueves los pies” decía mi maestro.

El segundo tercio de la lidia transcurrió sin eventos dignos de mencionar.

Tomé el capote de nuevo y me paré en la arena, mientras mi padrino se acercaba al palco del presidente para pedir permiso. Volé de nuevo en mis pensamientos y de nuevo a pedradas me regresaron con éstas palabras:
- Suerte, matador. Por toda esa carrera llena de triunfos en todas las plazas del mundo que tienes por delante. Recuerda que en esto del toro o te la juegas, o te la juegan. Vamos a por todas en esta tu tarde. Ajústese y juéguese la vida. De eso se trata esto. – Y me abrazó.

Tomé la muleta que me cedió, pedí permiso al juez y corrí a los medios a brindar la muerte del morito a todo el público. La ovación se oyó fuerte. Y, para mis adentros, en voz muy baja, pero con todo el coraje y el corazón que tengo, le dije: “Va por ti, Pelafustán”.

En los medios, cité de largo a “Pelafustán”, quien sin pensarlo dos veces acometió con fuerza. Tres péndulos, una vitolina, dos derechazos y un pase de pecho fue la tanda con la que inició mi faena. El lado derecho de “Pelafustán” era áspero, pero franco. Pelafustán se entregaba en cada una de las embestidas que hacía. Metía el morrillo como ninguno, arrastraba el hocico en la arena y recorría cuando menos 2 metros en redondo en cada una de sus acometidas.

Era delantero vuelto de pitones, y no los sentías hasta que te los pasabas así de cerca. Por el lado izquierdo, el morito tenía un temple inagotable. Sendos naturales le pegué. En un trincherazo, “Pelafustán” avisó. Y avisó en serio. Tiró un derrote que me desarmó la muleta. La recogí, volví a armarla y el toro me vio con sus ojos parlanchines y claramente me dijo: “Por la derecha ya no quiero nada”. Pero no lo quise escuchar, o leer. Ya tampoco escuchaba los olés de la afición ni los consejos del apoderado. Ya no oía nada. Sólo me escuchaba a mí mismo. No vi las amenazas del toro. Pero me avisó, y me consta.
Un molinete, un derechazo entero y templado, uno más sin templar, otro más que por poco y me desarma la muleta, y el último, limpio, pero sin desahogar la embestida de “Pelafustán”, que me sintió y me levantó.
Fueron los 6 segundos más largos de mi vida. Caí de espaldas a la arena, y no vi a nadie acercársele al toro haciendo el quite. Estaba solo. “Pelafustán” ya tampoco acometió de nuevo contra mí. Recostado en la arena, sólo pensé en aquel tierno becerrito castaño de hacía años atrás que me recordó que existe una razón para vivir. Ése mismo castañito ése día me la estaba quitando. Lo terminó por lidiar alguien más, no sé quién es. Y tampoco me importa.

Hoy tengo tres cornadas. Una, la de la carne. La que no me duele. La segunda, la de la cabeza, que no me deja pensar. Y la tercera, la que más me duele, la del corazón, la que no deja de sangrar lágrimas de pasión, de amor al toro, de vida y de muerte, de sol y de sombra. Pero también, es la que hoy me deja escribir lo que escribo. Y además, es la que me da fuerza para seguir, para taparme la herida con mis propias manos y volver a hacer el paseíllo en la misma plaza, con la misma entrega y deseando con todas mis fuerzas que vuelva a hacerle una faena histórica de rabo a “Pelafustán”.

Aún no me recupero, ni tengo contratos firmados para volver a torear. Pero sí tengo unas cuantas lecciones de vida, y una de ellas es: El toro pone a cada quien en su lugar.

marzo 24, 2011

Pequeñas Grandes Diferencias. Por Pablo del Toro.

(Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)

De todos es sabido que en México tenemos un estilo particular para la fiesta, cualquiera que sea ésta. Más para la Brava, en la que además somos muy dados a defender nuestros antiguos y nacionalistas métodos a capa, montera y estoque; aunque sabemos que no son las formas más eficientes.

Y es que en este país no estamos acostumbrados a ofrecer la mejor calidad de producto sin condiciones al consumidor, por ocasional o recurrente que sea. Pude ver la transmisión última corrida por TV de la Plaza de Toros México; y también algunas corridas de la Feria de Fallas en Valencia. Y entonces me dio por comparar las dos fiestas y tratar de encontrar las diferencias fundamentales de por qué allende los mares es una fiesta nacional y aquí no es, ni por mucho, algo realmente presumible.

Es un hecho que la fiesta que tenemos en nuestro país puede estar peor, y también que la española puede estar mejor. Pero el trecho abismal entre una y otra no es más que el resultado de las cosas bien hechas, y aunque las diferencias entre ellas sean pequeñas, estas mismas obligan que los resultados sean exitosos, tanto en lo artístico como en lo económico.

Todo esto empezó a tomar forma mientras decidía si asistir a la Fería de San Marcos, o quedarme a ver las corridas de la Feria de Abril en Sevilla. En la tele, por supuesto.

Pienso yo que todos los males que padece nuestra fiesta (y no solo la fiesta) se reducen a una sola razón: la falta de profesionalismo. En todos los aspectos. Empezando por autoridades corruptas y facilotas, que permiten cuanta ocurrencia marciana exista. 

Hay que aceptarlo, las cuadrillas a veces dan vergüenza. Salvo excepcionales casos, los de plata son señores que rebasan los 40 años de edad, que difícilmente son capaces de clavar un par de banderillas en buen sitio. Los picadores tienen más trapío que los mismos toros, y nos ha tocado ver que no se pueden subir a los caballos de semejante barriga que portan. Pero eso sí, bien sindicalizados. No vaya a ser que les quieran ver la cara. 

Y no nos limitamos a las cuadrillas, también quienes las comandan nos dan de qué hablar. Por que increíblemente novilleros que tienen para crecer se apuran en tomar la alternativa, aventándose ellos mismos al montón de toreros que nadie tiene ganas de ver. Porque no se deberían presentar en una plaza de toros si en realidad no saben matar a un toro. Porque para qué queremos ver cómo se tiran deliberadamente abajo con la espada. Porque para presentarse en una plaza de toros a torear primero hay que aprender a hacerlo. 

Podría seguir esta larguísima lista por horas, pero no es el punto. Al final, los realmente culpables de todos somos nosotros los aficionados por no saber exigir un espectáculo digno. Por no saber exigirle lo mínimo a los toreros, lo mínimo: parar los pies. Porque aplaudimos y pedimos orejas a todo aquel que ose pararse enfrente de un toro, desvirtuando el espectáculo. Porque a nosotros no hace falta darnos pan; con puro circo estamos contentos.

marzo 08, 2011

Tan poco el amor y lo desperdician en celos. Por Pablo del Toro

(Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes.)


(Publicado en www.toroestoro.com el 08/03/2011. Decimonovena Corrida de la Temporada Grande 2010-2011 en la Monumental Plaza de Toros México. Seis toros de Ordaz para Juan Bautista, Alberto 'el Cuate' Espinoza y Fermín Rivera. Corrida llevada a cavo el 06/03/2011.)

Tan fácil que a veces es hacer las cosas bien y de buenas como para que estemos gastando energías en hacerlo mal y de malas.

Y hablo, específicamente, del palco de autoridad comandado por Gilberto Ruiz Torres, que está empeñado en pegar petardos semanalmente como si de eso se tratase su trabajo. Y es que el juez autorizó la lidia del que hizo quinto a sabiendas de que estaba despitorrado desde la cepa, pues el accidente ocurrió desde que fue entorilado. Insistentemente haciéndose de la vista gorda, como si pensara que nadie se daría cuenta de la fractura, o a lo mejor esperando que un milagro curara al animal. Increíble.

Mención aparte merece la presencia de los toros lidiados, que provenían de la ganadería de Ordaz. Los seis tenían su lidia y definitivamente alguien con más experiencia, corridas y oficio les hubiera podido sacar mejor partido, pues los cornúpetas no se comían a nadie. Eran descastados en su mayoría, eso es cierto.

El francés Juan Bautista decepcionó a quienes nos había dejado un buen sabor de boca con su actuación, pues aunque lució muchos recursos y usa la cabeza, lo hizo demasiado apurado y con poco reposo. No tuvo oportunidad de redondear sus actuaciones así que todo fue a base de chispazos sueltos y muy rápidos.

Alberto El Cuate Espinoza hizo gala de muchísimo valor, quedándose muy quieto ante su primero que le desarrolló sentido. Aunque está poco toreado y no siempre entiende del todo a los animales que lidia y debido a ello a poco estuvo de recibir una cornada grave, es cierto que la voluntad y el valor extremo lo llevaron a saludar en el tercio con mucha verdad, convenciendo al público de que al menos, las ganas las tenía para sobresalir. De ésas salidas al tercio que sí cuentan, que sí dicen algo, que son bien ganadas y más que merecidas.

Las cosas no fueron fáciles para Fermín Rivera, que se tuvo que valer de apenas chispazos y detallitos pequeños de arte, sin mostrar tampoco algo más allá. Tuvo en contra además, al clima, lo que provocó que la gente se distrajera y es difícil hacer una crítica solvente de su labor. 

marzo 01, 2011

Si es hecho en Francia, es producto de exportación. Por Pablo del Toro.

(Bajo este seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes)

(Publicado en www.toroestoro.com el 28/02/2011. Decimoctava corrida de la Temporada grande 2010-2011 de la Plaza de Toros México. Seis toros de Villa Carmela para el francés Juan Bautista, Óscar López Rivera y Aldo Orozco. Corrida llevada a cabo el 27 de febrero de 2011.)




Foto: Emilio Méndez. Tomada de www.suertematador.com

La lógica indica que entre peor conformado esté el cartel, menos gente asistirá a las corridas. Y cumpliendo con esta premisa, la tarde del domingo 27 de febrero fue la que menos asistentes tuvo en lo que va de la temporada. Asimismo, también fue uno de los carteles menos rematados de la misma.

Los escasísimos asistentes vieron un encierro de Villa Carmela de excelente presentación, con edad y trapío los seis, aunque de juego variado.

Las tierras francesas surtieron de nuevo otro torero elegante aunque de corte distinto como lo es Juan Bautista. Vino a comprobar el sitio que tiene y que definitivamente es producto de los años que tiene toreando en las ferias europeas. Le puso un estoconazo a su primero que emocionó al escaso público, que sin pensarlo dos veces pidió la oreja, como ocurre todos los domingos. A su segundo lo toreó bien, con tersura y elegancia pero con estocada muy defectuosa, lo que impidió que tocara pelo esta tarde.

Han perdido tanto valor los trofeos cortados en la Plaza México que es ya prácticamente lo mismo si se cortan o no. Ya mejor no hablemos de merecimientos, pues el sentido de los trofeos está totalmente desvirtuado y destruido. Así las cosas, pienso que a veces es mejor no cortar nada, e irse dejando un buen sabor de boca, como Juan Bautista. Y es que de haber cortado una oreja, ya las cosas no sabrían igual.

Óscar López Rivera sorprendió a propios y extraños haciendo lo que algunos toreros con muchísimas más corridas que él no pueden hacer: quedarse quieto. No tiene sitio, ni mando, ni tampoco mucha técnica, pero estuvo con voluntad, y sí se quedo quieto. Habrá pegado dos, como mucho tres muletazos valiosos pero sin acoplamiento, sin sitio y sin son. Necesita torear mucho más, para entonces regresar a La México y enseñar lo que tiene.

La oreja pitada e inmerecida que cortó Aldo Orozco en su primera comparecencia esta temporada rindió frutos pues lo repitieron en otro cartel; pero el diestro no lo aprovechó cabalmente y se fue pitado en uno y silenciado en otro. No paró los pies y estuvo sin brújula a la hora de matar, por lo que el público se impacientó y con justificada razón le exigió. Un trago amargo, a final de cuentas.  

febrero 22, 2011

[REC], [REW], [PLAY]. Por Pablo del Toro.

Por Pablo del Toro. (Bajo éste seudónimo escribe Juan Pablo Lagunes.)

(Publicado en www.toroestoro.com el 22/02/2011. Decimoséptima corrida de la Temporada Grande 2010-2011 en la Plaza de Toros México. Dos toros de los Encinos y cuatro de Malpaso para Pablo Hermoso de Mendoza a caballo, Rodolfo Rodríguez 'El Pana' y Pepe López. Corrida llevada a cabo el 20/02/2011.)


Foto: Edmundo Toca. Tomada de www.suertematador.com




No hará falta invertir mucha tinta en una tarde que al menos, para quien esto escribe, ha terminado por ser intrascendente.

No fue más que la repetición de lo ya visto en numerosas ocasiones.

Dos toros de Los Encinos para rejones que fueron buenitos y aprovechados, pero con poca transmisión y excesivamente despuntados. Los cuatro de Malpaso estaban bien presentados y uno más de Luis Felipe Ordaz que no sirvió. En resumidas cuentas y siendo completamente francos, no hay mucho qué decir de la tarde.

La humildad, un valor agregado a las faenas de un grande.
Terminará por ser infértil la discusión de quién es el mejor rejoneador. Sin embargo, es cierto también que Pablo Hermoso está ya muy visto en La México. Ha terminado por agotar su creatividad, provocando entonces que el público le exija más de la cuenta. Es, en sí, una película que particularmente yo ya vi demasiadas veces.

No deja de ser espectacular, y tampoco es válido demeritar sus actuaciones por eso. Pero es un hecho que tendrá que reinventar sus faenas con algo nuevo, antes de que canse a la afición mexicana.

Lo que sí habrá que reconocerle es que le pone un ingrediente que pocos utilizan: la humildad. Tiene sazón de hecho en casa y eso, como quiera, se agradece.

De Pena en Pana…perdón, en pena
De nada sirve defender a toreros con la pluma o con un micrófono. No hay que mentir, el Pana no estuvo bien, pues sus toros exigían un lidiador y no un Brujo. Meritorio es que a sus seis décadas de edad siga medio parándose enfrente del toro, pero en realidad es un tentador de la suerte y no siempre ésta le sonreirá. Y es que no le quiso salir a su primero que parecía bravo y que penosamente se estrelló en el burladero (quién sabe si accidentalmente), y para suerte del tlaxcalteca quedó inhabilitado para la lidia. Luego le costó trabajo quedarse quieto frente a su segundo y no pasó nada más.

¿Y Pepe López?
¡Ah! También hizo el paseíllo el espigado Pepe López, que tuvo voluntad pero que dice muy poco. Le falta ponerle un sello personal a su tauromaquia para poder darle un poco de sabor a su esfuerzo. Esta vez, pasó ya bien entrada la noche.

febrero 15, 2011

El que persevera alcanza. Por Pablo del Toro.

(Publicado en www.toroestoro.com el 15/02/2011. Decimosexta corrida de la Temporada Grande 2010-2011 en la Plaza de Toros México. Toros de La Estancia para Rafael Ortega, Alejandro Talavante y Juan Chávez. Corrida llevada a cabo el 13 de febrero de 2011.)
Foto: Manolo Briones. Tomada de www.suertematador.com.

No hay duda de que cuando la determinación, dedicación y decisión están conjugadas correctamente el esfuerzo siempre se verá justamente reconocido.

Alejandro Talavante lo volvió a hacer; ésta vez con toros que se prestaron menos para el lucimiento, pero lo hizo con tanto compromiso como en su primera comparecencia ésta temporada.

Fueron seis toros procedentes de La Estancia los que se lidiaron el pasado domingo 13 de febrero en la Plaza México , que estaban excesivamente gordos, aunque con presencia, edad y bien armados. Nula fuerza de algunos y sositos y descastados en su mayoría, aunque con recorrido.

No es ninguna locura afirmar que el tonelaje desmedido en los animales de lidia aunado a la debilidad de los mismos, arrojará como resultado el ver a los toros caerse una vez tras otra. Y bueno, no hará falta insistir en que cuando el toro se cae, el toreo se derrumba.

Rafael Ortega: Esto es lo que hay.

Rafa Ortega no se aguantó las ganas de poner banderillas en La México. Ni porque el doctor dijo. Es probable, incluso, que el médico le haya recomendado no poner los palitroques porque la verdad es que no lo hace tan bien como él cree. De los seis que puso, en cinco salió disparado de la suerte como si se le fuera la vida en ello. Algunos, casi todos, fueron colocados a cabeza pasada y sin gusto, como sin ganas de hacerlo.

En general así fue toda su labor, en la que no traicionó su estilo bailarín sin parar los pies. Como siempre que viene, recibe con faroles de rodillas sin torear al toro, más bien interponiendo el capote en el camino del animal. Tiene a la gente de su lado, lo que le ayuda a salir a flote sin realmente convencer a todo el cotarro.

Alejandro Talavante: Perseveró y sólo entonces, alcanzó.

Esta vez Alejandro Talavante sí mandó afilar sus toledanas, para ya dejar de lado de una vez por todas cualquier pretexto para no salir por la puerta grande. Argumentos para ello, tiene muchos, muchísimos. Y hay tres tardes, contando ésta, que lo respaldan.

Alejandro Talavante volvió a cautivar a los asistentes con su personalísimo toreo, tanto de capa como de muleta. Lo hizo de nuevo, porque otra vez detuvo el tiempo con naturales que fueron eternos, con inventiva y sello personal que le imprime a cada uno de los pases que ejecuta.

Y ahora no nos quedó tan mal con la espada, porque aunque perdió el par de orejas de su primero por pinchar, puso dos estoconazos en todo lo alto que le respaldaron para cortarle una oreja a cada uno de los que lidió y así, por fin, tras dos intentos fallidos por la maldita espada logró abrir la puerta grande de La México. Ya la soñaba, ya la añoraba. Ya la merecía.

Es una pena que Alejandro no tenga el tirón de taquilla que todos deseamos, porque sin duda se convertiría en un consentido de la México. Lo va a lograr, sin duda, porque es un torerazo.

Un Juan Chávez que no sabe a nada.

Juanito Chávez es un torero tan gris como su nombre. Tan insulso que, en realidad, es difícil recordar su labor. De lo que sí me acuerdo es que a su primero que era huidizo había que lidiarlo con conocimiento y no lo hizo, pues se dedicó a echárselo afuera dejándolo suelto, con poco mando en su muleta y medio tibio en su carácter. Y en su segundo, dejó que su picador se sirviera con la cuchara grande, para después justificarse con que su toro se quedó parado. Úrgele una brújula o alguien que le explique de qué se trata esto.

Le faltan unos puntos de coraje, porque ya tuvo un par de oportunidades en ésta Temporada y nunca las justificó. Tiene mucho qué trabajar. Muchísimo.

A mi querida Plaza México. Por Pablo del Toro.

(Publicado en www.toroestoro.com el 08/02/2010. Serial de Aniversario de la Plaza de Toros México, con dos corridas correspondientes a la Temporada Grande 2010-2011. Toros de Teófilo Gómez y Julio Delgado para Eulalio López 'El Zotoluco', Enrique Ponce, Uriel Moreno 'El Zapata' y Sebastián Castellâ. Toros de Cuatro Caminos y Barralva para Diego Ventura, Miguel Ángel Perera, Octavio García 'El Payo' y Arturo Saldívar. 5 y 7 de Febrero de 2011, respectivamente.)



















Fotos: Manolo Briones. Tomadas de www.suertematador.com

Qué vieja te debes de sentir a tus ya 65 años de existir. Seguramente estás contenta, porque de cumpleaños te trajeron de tierras ultramarinas tres faenas de las que uno tiene que ver para creer que sucedieron.

Tres faenas en tres tardes distintas que seguramente te cimbraron los huesos de cemento, que te enamoraron como en aquellos días y que te hicieron sentir joven otra vez. Hablo, por supuesto, de las faenas de El Juli el 30 de enero, la de Sebastián Castella el día de tu cumpleaños y la que hizo Miguel Ángel Perera el lunes 7. Yo las vi, y por eso te escribo esta carta.

Estarás contenta, pues, por tu cumpleaños. Pero no me negarás lo doloroso que debe ser para ti ver pisoteada tu dignidad y tu categoría domingo a domingo. A veces lunes, a veces sábado. A mí, como aficionado y tu recurrente visitante, me duele. Me duele que el pequeño serial que se organiza para festejarte y que otrora había llegado a ser una de las tres tardes más importantes del orbe taurino, hoy no es más que un festival de migajas para aficionados fiesteros, orejistas y poco exigentes.

Porque tampoco negarás, querida Plaza México, que con el paso de los años tu categoría y prestigio ya no son los mismos. No puedes esconderlo. Ni tú ni yo podemos ocultar que el adjetivo “Monumental” ya sólo se conserva por tu magno tamaño. Sabemos que es por distintos y muy numerosos culpables que van desde la ley capitalina con absurdas prohibiciones hasta algunos aficionados mediocres, otros chovinistas y a veces hasta radicales, pasando por empresarios, toreros, figuras, ganaderos, subalternos, veedores de toros y sobre todo los jueces, que son los encargados de protegerte. Y la que paga los platos rotos eres tú. Eres tú, porque tus tendidos ya sólo se llenan a tope cuando se trata de todo menos de una corrida de toros.

Déjame te cuento, querida plazota, que como yo, muchísimos aficionados esperábamos con ansias el día de tu cumpleaños por una sencilla razón: Enrique Ponce. La primera figura del toreo mundial, que sólo tenemos oportunidad de ver un par de veces al año y que estoy seguro que conoces porque sé que es uno de tus mejores amigos. Con desilusión observé cómo sus impresentables novilletes medio caminaban por la arena y con molestia protesté porque quería defender tu categoría. Ni su faena que fue excelente me reanimó, ni me calló la boca. Abusó, pues, de la nobleza de tu gente. Otra vez. Y tú que lo permites. Sí, Ponce, el torero de Chiva… y de chivos. Por increíble que parezca.

Por otro lado, salieron al quite Juli, Perera y Castella con faenas que sí fueron dignas de que las alojaras. Que tampoco torearon mastodontes, pero que sí callaron bocas porque las faenas hablaron por sí solas. Porque no se dejaron abrumar por el tamaño de nada ni de nadie. Porque ésta vez Castella sí se tiró a matar como se debe, porque Juli cortó un rabo unánime y Perera estuvo a algunos pinchazos de hacer lo propio. Zotoluco hizo lo mismo que siempre hace pero vestido de otro color y el Zapata puso muy bien dos pares de banderillas y nada más. A el Payo le regalaron una oreja y le negaron otra que sí merecía, y Saldívar justificó su inclusión en el cartel. Ventura, a caballo, presumió su extraordinaria monta y sus dos orejas festivaleras con una decisión que no le cabe en el pecho.

Cabe resaltar, además, que nos dieron gato por liebre, o dicho más apropiadamente, nos dieron novillotes por toros. No se lidió lo que en tu nombre anunciaron pues de los bureles de Cuatro Caminos no les vimos ni la sombra y de los cuatro de Julio Delgado que se anunciaron, sólo salieron dos.

En fin, querida Plaza México. Espero que hayas pasado un muy feliz cumpleaños, y espero también que festejemos muchos juntos. A final de cuentas todos disfrutamos algo en tu cumpleaños y eso es lo que cuenta para alimentar y mantener viva esta fiesta que a tanto a ti como a mí nos apasiona tanto. Nos vemos el próximo domingo.


Con todo mi cariño,

Pablo del Tor
o.

De lo Sublime a lo Fantástico. Por Pablo del Toro.

(Publicado en www.toroestoro.com el 01/02/2011. Decimotercera Corrida de la Temporada Grande 2010-2011 en la Plaza de Toros México. Siete toros de Xajay para Eulalio López 'El Zotoluco', Julián López 'El Juli' y Octavio García 'El Payo'. Corrida llevada a cabo el 30 de enero del 2011.)

 Foto: Manolo Briones. Tomada de www.suertematador.com

Ni el palco de autoridad que está poblado de ineptos que cumplieron con creces su cuota semanal de petardos pudieron arruinarle la noche a Julián López El Juli.

El triunfo de El Juli ha dejado de lado todo tipo de marrullerías y suspicacias. Ha sido indiscutible. Ha sido colosal.

Fueron siete moritos queretanos de Xajay los que desfilaron por la arena de La México, bien presentados todos, con edad y pitones. Fueron buenos aunque se coló algún mansito, no tenían malas ideas y hubo otros que tenían condición física para llegar caminando a la Villa si hubiera sido necesario.

Zotoluco: Poco pan, mucho circo

No es sorpresa para nadie el estilo de Eulalio López pues lo ha profesado durante sus dudosas mil corridas. Él viene a lo suyo, con su toreo vulgar de pierna retrasada y en escuadra, a pegar molinetes, martinetes y pases de pecho a distancia mientras recorre metros y metros entre pase y pase.

Es una pena porque el Zotoluco tiene la facultad de pocos, pues les entiende bien a casi todos sus toros y aunque les da la lidia correcta, saca chispas por todos lados y termina por ser una cosa espantosa.

No debió permitir que lo sacaran a hombros de la plaza, porque no lo merecía. No merecía ninguna de las dos orejas ‘de mentiritas’ que el bondadoso y caritativo juez le donó con moño y tarjetita “de/para” incluidas.

El Juli: Vino, vio y venció

El domingo 31 de enero de 2011 Julián López escribió con letras de oro su nombre en el corazón y en la memoria de la afición capitalina. El Juli hizo el paseíllo con la decisión de salir a hombros por la puerta grande con el triunfo más sólido, más justo e indiscutible que se han visto en los últimos años en la Plaza de Toros México. Y, por supuesto, lo logró.

El Juli no se anduvo con rodeos. Con la decisión, inteligencia y capacidad que sólo las figuras consagradas a nivel mundial tienen saltó al ruedo entregándose en cuerpo y alma, creando una auténtica sinfonía a dueto con su nobilísimo y obediente toro de regalo. Julián no se dejó distraer por los despistados villamelones que pedían el indulto de “Guapetón” y antes de que el juez saliera con su chistosada se tiró a matar ambicioso de un triunfo de los de verdad, dejando una estocada entera que sentenció el corte de las orejas y el rabo, que al menos en esta plaza, años tenía de no ser tan justo y unánime.

A pesar de que le pitaron una oreja, a pesar de las dos que le regalaron a el Zotoluco, a pesar de malograr con la espada la faena del quinto que también fue fenomenal, a pesar de se topó con el manso del encierro, a pesar de que a un miembro de su cuadrilla le dieron una cornada, Julián López obtuvo un triunfo a toda ley. Con ello, sin ello y a pesar de ello.

¡Grande Julián, grande maestro!

¿Quién eres, Payo?

Si bien Octavio García el Payo no sorteó bureles a modo, es un hecho que vimos un Payo completamente desconocido. Un Payo desconcentrado, entregado, eso sí, pero carente de afición, de técnica y de ambición. Parece que Octavio sufrió un trastorno de personalidad y ahora le dio por tomar sus toros del costillar, pegar pases sin ton ni son y sin parar los pies.

Éste no es el Payo que conocimos, y ojalá regrese el auténtico y original porque esta vez nos dieron una versión pirata. Aún tiene un compromiso más ésta temporada.

No nos decepciones, Payo.